Jugando a vivir

8/04/2006

Imperiosa voluntad vociferante

La postal de la semana se presentó ayer, después de salir del trabajo, me dispuse a tomar una ruta 14 hacia el centro, había quedado de reunirme con unos amigos a las 9:30 de la noche en Samborns, como es habitual cargué con mi libraco para olvidarme del entorno y darle sentido a veinte minutos de trayecto, que de otra manera habrían resultado ociosos.
Justo cuando Verónica lloraba desconsolada en su apartamento y el autor describía con detenimiento sus penas, continuos sonidos llamaron mi atención, eran una especie de chasquidos sonoros mezclados con algo que daba la impresión de un jadeo.
Dejé a Verónica por un momento y levanté la vista, una pareja que viajaba en el asiento delante de mí manifestaba abiertamente su afecto con sendos besos, lo cual no censuro, todo lo contrario, pero me hacía dudar por mi seguridad, no era fácil calcular si estaba fuera del alcance del reguero de saliva. Busqué con la mirada y no encontré alternativa, opté por levantar el libro y que este me sirviera de protección. Cinco minutos después los sonidos cesaron, empezaron a discutir acaloradamente, levantando la voz y haciéndonos partícipes a todos los viajeros de su malestar. Miré hacia afuera con la esperanza de que faltara poco para llegar a mi destino. Al parecer ella reñía con él porque él se negaba a acompañarla precisamente a Samborns a cenar con las amigas de ella, torpemente el tipo atinó a decirle que no iría con ella faltando dos cuadras para llegar. A punto de romper en llanto y literalmente encabronada, la niña le pregunta: “¿y entonces porque carajo vienes aquí conmigo?”, a lo que él burlonamente respondió: “es que me habló el pepe para ir a las luchas y la arena de lucha libre queda exactamente frente a Samborns” y agregó, “igual y a la salida con encontramos”. Dicho esto, el microbús se detuvo y bajé, ellos se bajaron mientras continuaba la discusión. Pude ver como ella caminaba enojada hacia Samborns mientras él saludaba efusivamente a sus amigos en un ritual que al parecer abonaba en favor a su imagen ante la manada.
Por un momento me reí al recordar ese comportamiento errante y voluble que a todos alguna vez nos llevó a situaciones como la del par de púberes.

Minutos después, me encontré con Gwendy, Álvaro y Milagros. Tenía un buen rato que no nos veíamos, pedí una cerveza y la noche transcurrió amena y agradable.

2 Comments:

  • ¡ya entendí! Verónica es un personaje de la novela que estás leyendo... ¡Bonita narración! ¿y ese milagro de Milagros?

    By Anonymous Anónimo, at 9:29 a.m.  

  • Así es, la novela se llama Cuidados Angelicales. Verónica es una mujer de mediana edad que, hasta donde voy, vive felizmente sin culpas, tal como deberían vivir todas las mujeres.
    Pues el Milagro fué que vino a hacer algunos trámites al Tec, de paso llegó a saludar y dar una vuelta por Cuernavaca. Fué una visita relámpago pero muy agradable. Preguntó también por ti en tono de: "¿y el Víctor? por lo que la pusimos al tanto de tu nuevo y regio paradero.

    By Blogger Sergio, at 9:50 a.m.  

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